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La mujer gótica en la noche




Mujer gótica en las sombras

Con la sombrilla oscura, 
cubro las emociones negras. 
Me deleito en el terror,
en el misterio mordaz, 
de los espectros que me rodean. 

Suspiro sombras fantasmales 
de emotivas experiencias dimensionales. 
Percibo lúcida a las almas errantes, 
y a los seres de luz. 
Los enfrento sin miedo, 
sin temor, sin pavor. 

Pero se esfuman, desaparecen,
para luego regresar, 
e interactuar con sus voces 
en ecos de sentimientos.

La manzana pecadora es roja

La manzana pecadora

Te invito a degustar
ésta manzana pecadora.
Roja como la pasión desenfrenada
de la sangre delatora.

Caballero de mis sueños irreales,
ven y cúbrete de mi oscura sombra.
Te librará del sol infernal,
y su calor de insoportables realidades.

Roja como la piel desgarrada,
roja como las fresas colgantes,
es mi manzana del pecado.
Comámosla mi amor.
Deleitate en el fuego de mi piel.


La oscura y el sol

Oscuridad y sol

La oscura y el sol
Labios negros,
carmín pálido.
Tez blanquecina,
cabellos negros.

Me cubre la neblina,
pero voy hacia la luz.
Se ocultan los cuervos,
vengo a plenitud.

Lunas y astros abatidos,
sola prefiero estar,
con mis fantasmas preferidos.
Vago en sus mundos,
de negrura y de sombras.

Vuelo hacia el sol,
cuando nadie lo denota.
Y cuando lo deseo,
me oculto en la noche.

Camino en mis calles,
y floto en mis nubes.
Visto de negro,
en las noches sin lumbre.

Me visto de luz,
en los días venideros.
Somnolienta siempre,
desde el sol a enero.

Venus Maritza Hernández

Los colores del amor



Amor verdadero


El verdadero amor entrega el alma sin egoísmos,
 soportando lo indecible, aún en contra del amor propio.
¿Será positivo amar así? 
Lastimosamente no.

El amor debería tener límites 
y cambiar esporádicamente 
su visual subjetiva por la objetiva, 
pero no es así, 
porque su vitalidad reside en el corazón, 
y el corazón no piensa: solo siente.

La confusa en el amor

No lo amo. ¿Pero lo amaré?
No lo amo…
¿Pero entonces porque pienso en él?
¿Acaso es culpa o cariño o no se qué?

No lo amo…
Las horas sin él.
La vida sin él.
¿Dónde estará?

Sé que ya no piensa en mi,
como ayer.
Y siento que a mi tampoco me importa…
¿Pero entonces porque escribo estas letras, pensando en él? ¿Por qué?

¿Acaso los restos de sentimientos,
se alojaron en las llanuras áridas de mi mente?
Extraño amarlo. ¡Eso es!
Extraño aquel sentimiento antiguo de papel.

Extraño sus palabras,
sus versos;
y su amor confuso,
adornando cada tramo de vanidad.

¿Lo amaré aún?
No.
Un cariño sutil y fuerte,
está asido al recuerdo.

Colores del amor

Se deshoja la primavera,
en la primorosa ladera.
Atada a su silueta soy esencia de su ser,
amor disgregado en átomos y lunas...

No caducan las palabras poéticas,
donde el astro se acuesta aburrido.
Siempre habrán distintos tonos de luz,
aplicados a cada sentimiento.

El sol emite rayos rosados,
la luna proyecta una azul neblina.
El arco iris ostenta un solo color: el verde.
Y la noche se disfraza de un tono violeta.
La tarde luce anaranjada.
¡Y yo luzco, enamorada!

Y yo sigo escribiendo

Olvídame, que yo te olvidaré.
Recuérdame, que yo te recordaré.
El paisaje de las horas verdes esta impasible,
tranquilo y etéreo...

Y el panorama de las letras que nacen y fallecen,
han seguido su ritmo normal
en las lluviosas y soleadas coplas.

Hola y adiós se saludan los versos del pasado,
hola y adiós se confiesan sus pecados.

Una intermitente lluvia de paz
cae sobre la próspera ciudad.
Y yo, sigo escribiendo.


©Venus Maritza Hernández



Irrealidades y Trópicos

Un oasis pletórico de versos surgió de aquella isla

Irrealidades del amor utópico



Aconteció que aquella mirada
indagó en mis sentimientos.
Su aura envolvió mis horas
apretujadas a la divinidad,
haciéndose parte
de aquel ritual abstracto y sediento.

Giré, salté y alcancé
aquel sol inmerso de inmensidad,
donde el desierto intrincado
se adhería a mis letras.

En la lejanía un oasis se atavía
de la gracia de poetas...

A lo lejos, puedo oscilar
entre ser real o imaginaria,
móvil o estatuaria.

Extrovertida y sumida
en preceptos lógicos,
me escapo y zambullo
en irrealidades y trópicos.

¡Ven! degustemos por segunda vez,
esta manzana pecadora,
cómplice de lo sucedido hasta ahora.
Nuevamente una luz se yergue airosa,
en la plenitud de nuestro amor...

Llévame contigo

Llévame contigo a todos lados

¡Llévame contigo!
Quiero suspirar la humedad tropical,
quiero volar alto, traslúcida y sin notoriedad.

Acostarme en el aire percibiendo
la grata frialdad de los bosques.
Sentir la lluvia inmensa calmando mis emociones,
al juguetear con sus riachuelos plenos de piedras lisas.

Me acomodo en una nube
y duermo plácida,
sin contratiempos,
sin problemas,
con la mente en blanco.

Una burbuja llega a mi lado.
Tiene forma de cúpula.
Entro y estoy encerrada con toda la vista
del universo a mi alrededor.
¡Protegida y grandiosa,
apocada y airosa!

Isla de amor 

La isla de amor huele a limón

Su isla de amor,
flota lejos, muy lejos de mí.
Él está solo,
en aquella alfombra terrestre,
sembrada en el vacío de la nada.

El arco iris de su amor
luce un corazón verde,
como el boscaje de su ilusión.
Cerca, muy cerca,
está la tradicional luna,
que irradia sus letras de poeta.

El espacio sideral de tono naranja
huele a mandarina y a limón.
Las frutas distantes
de su isla de amor
conversan sobre él.

La noche lo arropa
entre esfuerzos y vigilia,
el día lo cubre de descanso
y sueños angelicales.
Los cibercafé lo esperan, lo reciben,
con sus caras de pantalla
y sus voces robóticas.

Luego lo inanimado y las horas llanas,
lo desaparecen, y la espera es apacible...
Quizás en otro siglo, estemos juntos.

El muchacho solitario

El muchacho solitario vive en una isla

Un muchacho solitario
vive en una isla distante.
A orillas de un mar azul,
departe su alma errante,
con los poemas de latitud,
amando a una mujer de humo
que flota en nubes de luz.

El chico la llora,
la imagina a cada instante en sus brazos;
más la realidad de tierra lo mora,
le recuerda que ella,
su estrella....
No está, y no está.


Solo la escucha en la lejanía,
en el caracol de sal.
El oleaje canta melodías,
sus lágrimas opaca al rey de los astros.

Fantástico amor


Fantástico amor de fantasía

La noche silente se expande,
en el cosmos de tu ternura.
Mi corazón se encoge de amargura,
al no poder hablarte.

Las letras irradian estrellas de emociones,
que permanecen en mi alma;
cual si estuvieses presente.
Adivino tu voz,
detrás del ciberespacio.
Y me arrulla.

Gravitas en mi alma...
Me hipnotizas totalmente con tus palabras.
Tus sentimientos se traslucen en tus escritos.

La imaginación es vívida;
cuando cierro los ojos, y pienso en tí.
Me desintegro en las espumas del océano.
Y contemplo el amor subyugante;
reflejado en la arena del amor,
que se desencadena.

Desfallezco en el eterno devenir de las olas del mar..,
! En los besos que se escapan..,!
! En las caricias que huyen y descansan!
Sobre el amor que perdura;
en las estrellas alucinantes
de esta fantasía de amor.

Isla Flotante

Isla flotante de la mente

Un desierto flameante de odio cansino... A lo lejos un paisaje edénico de abundante vegetación ilusoria y engañosa...Apoyada en una roca de rencor, la lava de la realidad amenaza con quemar los pasos recorridos.

Un río lejano se precipita hacia otras cúspides y llanuras, pareciera que ríe a costa de los acontecimientos humanos.

A la derecha esta el polo norte, a la izquierda el fuego. Tengo frío y calor, tengo odio y amor indignado, ocupándose de la limpieza de la mente. Para ello, ambos estados ejecutan disturbios holográmicos en las necias y vivaces neuronas, las cuales se niegan a expirar en los brazos de la realidad.

Los locos pensamientos románticos, que divagan en cada anochecer de ingenuidad extrema, tienen mil excusas, y mil poemas para obtener el logro de aquella isla flotante. Esa que contempla mi mirada de poetisa enamorada...


©Venus Maritza Hernández

Poetas: inspiraciones y versos

Poeta bohemio

Poeta bohemio de plumas y miradas ausentes


Si supieras que ya no ocupas
los espacios de mi mente,
si me vieras cuando estoy sin ti.
De seguro colgarías tus versos en la cuesta,
y verterías tus tonos de escultor de letras,
en un río extraño pero llamativo.

Poeta bohemio navegas con tu pluma,
sobre unas calles de tierra y otras de asfalto.
Derramas todos los suspiros de tus musas,
que permanecen en tus balnearios de amor.

Aquí, estoy bañada de calor, y vestida de paz…
Ya no me torturan tus persistencias tardías.
Y las colinas de tus prosas las plasmo,
en mis playas de sirena virtual.


El escritor

Él escribía,
pero murió su poesía.
Cuadros en paredes sin futuro,
amor desmedido en el muro.

El trazaba ideales,
sueños sin contrariedades.
El escritor escribía,
pero se esfumó su poesía.

Un señor romántico,
esposo de las tormentas,
gritos y afrentas.
El hombre escribía,
de su planeta, la alegría.

Sin saberlo dibujaba al aire
su encanto espiritual.
El poeta escribía,
risas y lágrimas en elegías.

De mirada en serenos anocheceres,
y dulces impresiones de versos,
el literato escribía,
pero se fue su poesía.


©Venus Maritza Hernández



Amor sublime: memoria y romance

El amor sublime

Amor sublime, memoria y romance en la eternidad


El amor sublime enmarca eventos,
a través del tiempo,
en las estaciones de lluvia, nieve o sol.
En la neblina, en las sombras.

La luminiscencia mutua los ilumina,
los protege de la oscuridad,
de los fenómenos atmosféricas
de la tempestad de la vida.

El amor sublime intensifica al sol,
y la vida adquiere diamantes de júbilo,
y lámparas de emotivos encuentros.
El amor sublime, no sólo,
existe en los cuentos.

El amor sublime, muchas veces,
es real y verídico,
en la mutua hipnosis de dos seres
que se aman sin condiciones,
y sin egoísmos.

A veces quisiera

¿Para qué quiero la vida sin él?
Apurar el trecho,
a veces quisiera.
Mi corazón romántico
se adolece.

Y un vacío existencial florece
en la cima del sol poniente.

Lo imposible no puede acontecer,
sólo en las ramas de un sueño ocasional,
podría germinar la felicidad.

Sólo en un pequeño y breve pensamiento
escondido, secreto y prohibido.

Feliz

Estoy feliz, cuando él está conmigo,
en las llanuras del romance.
Estoy contenta de la duración
del amor constante que enaltece
el amor subyugante de su acento.
Lo amo.

Y se enciende mi corazón sobre el mar.
en el oasis desértico de su imagen,
de su mirada, de su voz, presente y ausente.
De su fascinante ternura y amor actual.
¡Lo amo, lo amo, lo amo!

La mujer cuervo en la oscuridad

Mujer cuervo

La mujer cuervo en la oscuridad despliega su negra sombra

Mujer gótica que levita.
El cuero negro liado
muestras las formas
sujetada a la oscuridad.
Sonrisa de cuervo.

Gótica siempre vestida de oscuro,
el maquillaje destaca
a la blanca piel.

El rock pesado encadena
aprisiona y es dulce,
su sabor de estruendo
y adrenalina sucumbe.

Cabello alineado,
lacio de color noche,
labios sangre,
pies de hetaira.



Equilibrio de luz y oscuridad

Remolinos de sombras envuelven
a la mujer cuervo
entre frialdades de la noche
y gélidas formas fantasmales;
como consecuencia de su dedicación
a la dimensión de la oscuridad.

Los árboles ejercen un poder sombreado,
de protección de las entidades,
oscuras y grisáceas.

En contraste, la luz nocturna
de la luna proyecta bendiciones,
y luminiscencias plenas de fe.
Un equilibrio parece que disfruta
la fémina que camina en la neblina.

Sin duda alguna, la gata vestida de negro,
agudiza sus garras,
cuando se siente amenazada,
pero no, no es así.

Simplemente despliega su forma espiritual,
de intensas coplas nubladas y claras,
porque su origen es de luz oscura,
probablemente por ser hija
de la luz y la oscuridad.

Al mismo tiempo, esconde
sus atributos corpóreos,
tras la máscara de la verdad.

Finalmente, podría elegir la luz,
como guía de sombras,
pero quien sabe...


Hermanas gemelas

En cierta ocasión,
la mujer cuervo caminó por las sendas
de la nada, mientras su hermana gemela
recorría las vías del todo.

Los sueños lúcidos separan a éstas
dos entidades complejas, contrarias
y subalternas, porque nunca han
compartido los mismos sentimientos
de sombra y luz.

Mientras la mujer cuervo
tiene visión mixta,
su hermana sólo habita
en las sombras oscuras,
por consiguiente su apariencia
abstracta es depresiva,
sin ánimos de vida,
sin esperanzas.

Pero la mujer cuervo,
insistirá, aunque sea
en otros mundos.
Persistiría en convencer
a su hermana de elegir
ambas proyecciones.
Pues ella considera
que la mezcla es idónea,
al amar tanto ambos conceptos;
luz y oscuridad.

Finalmente es probable
que ambas hermanas,
unan sus creencias
y sus visiones.
Y por consiguiente decidan
vivir juntas,
igual que antes.

Del mismo modo,
atraerán sus ondas espirituales,
y las fusionaran
a sus respectivos entornos:
de virtudes y pecados.

El espacio neutro,
se presenta de repente.
Y las hermanas se muestran
también, ante él, para adentrarse
entre la maleza de su conciencia.



©Venus Maritza Hernández


Mi amor de fantasía: ¿Sueño y realidad ?

Al decir "mi amor", llega el personaje de fantasía donde está situada la realidad, entoncés ambos conceptos se mezclan: la utopía y lo real.

La brillantez de su amor



Y vi. refulgir la brillantez de su amor, tras los frondosos árboles, que felices se extasiaban con el resplandor del día. 

La hamaca mecía la paz y armonía de mis sosegadas horas, que plácidas me invitaban a pensar en mi amor distante. Una rama remeció a la brisa refrescante de mis ensueños, más pronto amortigüe sus gráciles efectos. Quería vivir aquel instante mágico y presencial de su esencia, que levitante cerca de mí, me recitaba sus secretos y su inspiración. 

Una paz impresionante invadió a mis letras, y mudas por un instante no hicieron otra cosa, más que contemplarlo. Estaba situado frente al diáfano céfiro del amor errante y núbil. Más de pronto comenzó a ocurrir algo asombroso, su transparencia se comenzó a hacer tenuemente visible. Poco a poco comencé a distinguir su silueta, luego su rostro, y poco a poco ¡ya estaba visible! No podía creer aquel milagro, sentí miedo, y alegría a la vez; desconcierto y sorpresa. Luego no me importó nada y lo abracé. El también me abrazó. Un beso en mis labios me otorgó, y la magia se intensificó… 

Una gala de efectos fantásticos dejó divisar sus donaires. Y un rayo de luz intenso proveniente del inmaculado sol, nos invitó a su interior. Pero yo temerosa dije que no. No deseaba arriesgar mi romántica existencia en un viaje tan peligroso. Ni la de mi galán en aras de una enajenación. Pero mi enamorado no estaba de acuerdo con la zona realista de mi mente, momentáneamente ofuscada por la materialidad de un entorno apacible. Así que empleo toda su retórica y ardides para convencerme, desde una multicidad de besos en todo mi cuerpo, hasta el colmo de una caricia subjetiva y atrevida. 

No tuve más remedio que acceder a sus melosas peticiones y juntos nos acercamos al “expreso del amor”. Así lo definí cuando entramos en él. La apariencia del rayo de luz era la de un tren moderno, ataviado de parejas de enamorados que recíprocamente se dispensaban amor. Una melodía extasiaba la sensible atmósfera, que se debatía de ensueños con la música romántica de todos los instantes de ilusión. 

Nos sentamos cómodamente y nos abrazamos a la vez que mirábamos hacia fuera. Por la ventanilla contemplamos a la bella fantasía. La cual nos saludó efusiva. Tenía un vestido vaporoso de tono rosado. Y bailaba sin cesar con su amigo el sol, en la transparencia del espacio. Luego vimos surcar a la alegría que también nos saludó. Ella siempre sonriente y también enamorada jugueteaba con su gran amor el señor optimismo. 

Mi amor me dijo dulcemente, es hora de desayunar. ¿Que? Inquirí extrañada…
¡Es hora de desayunar! Me repitió una voz grotesca. Abrí mis ojos y vi mi cruel realidad frente a mí. Un hombre hosco, nada romántico, el cual pienso la mayoría de las veces que ya no amo, junto al cual se deslizan mis días vacíos y sin amor… 


©Venus Maritza Hernández