La envidia del sapo chismoso



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Podrás tener mil virtudes, pero algunos mirarán solo tus defectos.
Si no vas a hablar bien de alguien, mejor no digas nada.



Existió una vez, un sapo que le gustaba hablar mal de todos los habitantes del bosque Dorado.
Además se fijaba sólo en sus defectos y no en sus virtudes. Era muy envidioso.

-Hola sapo- le dijo una rana.

-Hola Rana. Vengo a decirte que la abeja pica a los humanos, es muy mala y amargada.

-Pero la abeja contribuye con un alimento muy bueno y además delicioso: la miel. ¿Por qué siempre hablas mal de los demás? ¿Por qué no te fijas en sus cualidades?

-Está bien rana, pero ella no debería picar a nadie. – replicó el sapo.

-Es la defensa natural de las abejas, no seas ignorante ¡Vete! siempre me haces enojar. Hasta que no modifiques esa conducta errónea, no tendrás mi amistad - dijo la rana.

-¡Pues, adiós! ¿Qué te has creído, rana puritana!-exclamó enojado el sapo, mientras se retiraba.

El sapo se sintió contrariado, pues tenía muchos deseos de seguir hablando mal de otros animales. Se dirigió a la casa de otro amigo.

-Mantis. ¿Sabías que la vez pasada, una pulga del campo me visitó? Y me dijo que la vaca es una tonta, y que nunca hace nada por perezosa. –dijo el sapo.

-La vaca es uno de los animales más útiles para la humanidad, pues proporciona leche, y de la leche se deriva el queso, el helado, el yogurt, en fin, una gran cantidad de alimentos procesados-replicó Mantis,

-¡Oh Mantis, ¿Acaso no ves verdad en mis palabras?-dijo el sapo.

-Veo solo envidia y holgazanería, pues no tienes nada más que hacer, que estar hablando mal de los seres útiles y laboriosos. ¡Retírate!-exclamó Mantis.

-¡ Me voy pues, ni que tu casa fuera la más bonita del bosque! De ti también hablaré y de la rana puritana también.-dijo amenazante el sapo.

- Desde hace mucho, sé que hablas de mí, de la rana y de todo el mundo. – dijo Mantis.

El sapo recordó a su amigo el gato salvaje, con quien hablaba a cierta distancia, porque no le tenía confianza. Así que se dirigió cerca de la orilla del río, donde el gato solía descansar,

-¿Qué tal gato?-dijo el sapo.

-Todo bien. ¿Y tú cómo estás?-respondió el gato.

-Mantis se ha dedicado a comer el alimento preferido de nosotros los sapos: las moscas. Ella lo hace por maldad, se las come todas.

-¡Oh sapo, de nuevo con tus historias! –exclamó con fastidio el gato.

-Me voy de aquí, me aburres. Si no vas a hablar bien de nadie, mejor quédate callado. Adiós- dijo el gato.

-¡Vaya, nadie me quiere escuchar!

-Obvio, nadie que quiera ser justo, te escuchará, sapo envidioso – dijo un mosquito, que pasaba en esos momentos.

-¡Acércate un poco mosquito metiche!- gritó el sapo.

-Ni loco, sé que me comerías. Adiós sapo envidioso - dijo el mosquito.

Llego el momento en que el sapo se sintió tan abrumado, por el rechazo de todos, que tuvo que mudarse a otro estanque.

-Hola cojo-le dijo burlándose a un conejito bonito con una patita lastimada.

La mamá del conejito había escuchado al sapo y enojada le dijo:

Sapo feo, mi hijo es bonito y tiene el pelaje más lindo que podría tener un conejito. ¿Por qué no le apodas Peluchín? Pues parece un peluche de lo bonito que es. Lo apodas por el defecto que le ves. Algún día muy cercano reventarás de tanta envidia a los demás.

El día menos pensado, aconteció lo que había vaticinado Doña coneja. El sapo de tanto envidiar, se enfermó y comenzó a inflarse.

-¡Nooo, ya no hablaré mal de nadie, y no me fijaré solo en sus defectos!-gritó el sapo a los cielos, intentando salvarse.

Pero ya era tarde, en pocos segundos se escuchó una detonación. ¡Plop!

El sapo envidioso había reventado como un globo.

Moraleja

La envidia es tan mala, que hace ver solo lo negativo de los demás, y las virtudes y cualidades pasan desapercibidas ante los ojos del envidioso y muchas veces también chismoso. Tomemos conciencia e intentemos ver lo positivo de las personas que nos rodean. Así nos sentiremos relajados y en paz con nosotros y con todos. Pues la biblia nos dice: La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos.


Autora: Venus Maritza Hernández
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