Los dos lobos: la prudencia y la imprudencia

 

Los dos lobos: la prudencia y la imprudencia.

Autora: Venus Maritza Hernández








Existieron hace mucho tiempo dos lobos, que vivían en dos montañas; Ciudela y Urbania. Uno de los lobos era habitante de Ciudela y el otro de Urbania.

El lobo de Ciudela era  orgulloso e imprudente, porque pensaba que era enorme, pues veía su sombra proyectada en forma gigante, a causa del sol y de la luna.  Era poco comunicativo, pues se sentía superior a todo el mundo.

El lobo imprudente se decía a sí mismo:

-Todos los animales me tienen miedo, porque soy casi un gigante.

Como no era sociable, jamás le preguntó a algún animalito sabio, si su percepción era cierta. Así que su vida se enfocaba en algo imaginario.

Un día se acercó a un callejón oscuro de la montaña donde se agrupaba un grupo de pumas delincuentes que atacaban a  otros animales.

 -Es de noche, y tengo dinero en mi cartera, no debería caminar por aquí a éstas horas- se dijo a si mismo- pero soy enorme, no tengo miedo y tengo mucha hambre, creo que me acercaré a éstos tigres, cerca de ellos hay un animal que cazaron, que ya se cansaron de rumiar. Voy a comer un poco, de seguro no me dirán nada, porque soy enorme- concluyó el lobo imprudente.

Se acercó y comenzó a comer pero de inmediato, los pumas lo atacaron, eran muchos, él se defendió con su fiereza sanguinaria natural. Al final logró escapar pero, le robaron todo su dinero.

 

Mientras tanto en Urbania, el lobo prudente, el cual era de corazón pacífico y sociable, sabía muy bien, que su sombra proyectada, era sólo ilusión. Porque un oso panda, amigo suyo, que era muy inteligente, le había dicho la verdad.

-Waoo, que grande soy- dijo el lobo prudente al oso panda, mientras miraba su enorme sombra.

-Amigo lobo, esa sombra es tres veces más grande que tú- respondió el oso panda.

-¿Si? ¡Gracias, oso panda, menos mal que me lo dijiste! Si no hubiese cometido muchos errores-respondió el lobo agradecido.

En la noche se le presenta una situación muy parecida a la vivida por el lobo de Ciudela. Pero en vez de actuar como él, decidió utilizar la prudencia, pues sabía que aquellos pumas eran muchos, para enfrentarlos solo y planificó mentalmente como se quitaría el hambre. Y con el dinero en su bolsillo el lobo prudente...entró a un restaurante para lobos. Pues pensó:

-Los tiempos han cambiado, y debo aprovechar las nuevas modalidades.

-¡Cuánto me gustaría ser dueño de un restaurante como éste! Exclamó en voz alta el lobo de Urbania.

-¿Si? ¿Por qué no me lo dijo antes?-respondió el Cóndor, dueño del negocio, que estaba sentado cerca de su mesa.

-Le vendo el 50 por ciento de mi negocio.

-El lobo prudente se sintió feliz, e hizo negociaciones con el Cóndor propietario del restaurante.

 

Moraleja:

Aunque tengamos fe en nosotros mismos, debemos ser prudentes en situaciones demasiado peligrosas y antes de actuar, razonar en la solución,  escuchando opiniones y utilizando tecnologías, para luego proceder con estrategia, con los pies en la tierra y los sueños en alto.

© Venus Maritza Hernández


 

 

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