La brisa de la vida mece cada recuerdo y pensamiento de amor.
Lo que la brisa no llevó a la realidad

La brisa peina el tiempo,
y un peinado hecho de horas y segundos
atrae sin demora a múltiples mundos.

Dimensiones imaginarias encauzadas
en diversidad de amores.
Príncipes y hadas en albores
individuales, hechizan cada romance.

Mi alma poética se expande.
por lo que pudo haber sido;
por lo que pude haber vivido...

¿Como serían las alas de mi entorno?
Si hubiera tomado otras decisiones.
Ejecuciones de actos,
que marcaron inexorablemente el destino...

No hay marcha atrás;
en secreto sigilo sugiere una voz.
Sonrío, la paz me invade.
Dios guió mis pasos,
en cada acción.
¡Ilusiones extintas¡
El eco de sus voces,
repercute en los segundos.

Otros amores, cuyas imágenes aletargadas 

levitan en el carril de las horas;
Ya no causan dolor.
Ni siquiera nostalgia.

Solo una pizca de melancolía,
impulsada por lo que pudo ser, algún día.
Y no fue.

Cada uno navega
en la taciturna caída del anaranjado sol,
en las azules corrientes de un río celestial,
y en el silencio del adiós.



Mente que divaga

Mente que divaga;
la música del amor la espera a corto plazo.
Romántica como pocas, desconoce
a las brumas y luces que la circundarán.

Ella sueña, y levita en las horas de su vanidad.
Ella ríe y danza bajo luces multicolores,
y ensimismada en el amor 
contempla a las aves de los deseos,
que revuelan promisorias, 
exaltando la abstracción.


Oda a la vida


Luces intermitentes y galaxias de cal,
cual letras consistentes y armonías.
Palmeras, islas, vendaval y paz;
inquietud, soledad, cariños, cesantías.

Oleaje de olas tumultuosas,
es la vida de azarosa trayectoria.
Más la calma de mareas sinuosas,
son los logros besantes de memorias.

Cual madrugadas de sol y brumas,
pasan las noches y los días.
Acompasados de neblina y luna,
van tristezas y alegrías.

Las nubes oscurecen el cielo despejado;
la felicidad se perturba en el ser humano.
Nace otro amanecer embelesado de hados,
en esperanzas resurgidas de las manos.

El arco iris acompaña a la naturaleza,
como aquel amor que resurge de la bondad.
Ilumina el atardecer de colores y nobleza.
apagando depresiones, apatías, oscuridad.

Ondas del océano y sus nubarrones;
es la vida de los hijos de Dios.
Hay rocas, peces, sirenas, tiburones;
realidad, fantasía, maldad, y amor.

Al final del sol, luz de una estrella;
se extasía esta oda de inspiración.
Igual que el alba expandida en centellas;
se despide trasluciendo amor.



La música en la brisa del amor


La música del amor emite su fulgor 
y su carisma.
La música del amor bailotea
sobre una canción.
Es innegable la gran ilusión
que aplica
la música del amor.
Inherente a su portador de emoción:
el corazón.
La música del amor
habita en el cielo,
en el mar
y en las mentes enamoradas.


©Venus Maritza Hernández

14 Nov de 2016