La vida física es una caminata en sueños sobre la materia de breve duración.

Una caminata en sueños,
en un desierto árido
que conduce a un mar en ebullición.
Un mar de intempestuosos versos
que se muestra en aquel cuadro,
que cuelga de la pared del tiempo.

Un sueño roto,
que ayer cosí con el hilo de mis horas libres,
con la aguja de las palabras.

También degusté una rebanada de nostalgia,
bañada de adolescencia.
Y me bebí un vaso de suspiros mágicos,
con una rica galleta
impregnada de luces de discotecas...

Abracé con mucha vehemencia a varias tardanzas
que flotaban en la atmósfera de mis horas libres...
Y observé por breves segundos
a la pobreza extrema de mis semejantes.

Ubicada por intervalos de poesía,
parada en el patio de mi colegio,
sujeté a una melodía con mis manos.
La así tan fuerte que desbaraté su esencia.
Unas lágrimas de diamantes
y cristales sueltos llovían de mi mirada...



Temporaria

Mi cabellera negra y mi belleza, la tiro al mar
para humedecer con naturaleza mi transitar.
Pasarán los años, pasará la vida,
pero el recuerdo de cada ser, nunca decrecerá.
En las milenarias memorias de Dios se sustentará,
en la ciudad eterna junto a los ángeles y su realeza.

Mujer que miras tu belleza;
hombre que contemplas tu gallardía;
recuerden que son sólo momentos efímeros carnales de triviales algarabías.

La verdadera esencia es espiritual, 
eterna y enigmática,
plena de sentimientos, nobles y morales,
u emociones oscuras y detestables.

Tratemos de seguir las leyes divinas en la vida,
que nos abrirá la puerta del amor al final del camino,
cuando algún día lleguemos a sus llanuras de cielo
y paraíso edénico, asidos de las santas manos de Jesús.


©Venus Maritza Hernández