Soy valiosa (Poema)


Cuando algo o alguien me decepciona,
una corriente de indiferencia corre en mi auxilio.

No dejo que nada ni nadie me haga sentir mal.
Es una respuesta natural que resurge innata
de mi espíritu pleno de experiencias ,
reencarnadas en muchas vidas.

Me conozco, y me amo,
me valoro como lo que soy:
una mujer valiosa e inteligente.


El apoyo divino


Dios es mi conforte. A través del existir, percibo las vivencias y éstas efectúan el equilibrio
necesario, para sostener la inercia del mundo y sus egoísmos innatos. De soslayo el paisaje se enciende, y elijo aquellos parajes que tienen el verdor de la otra vida: la vida celestial.

El libre discernimiento


Al visionar el recuerdo de vidas pasadas, siento esas mismas emociones de oro y latón. Son parte de la vida, el bien y el mal. Supongo que algunas personas tratan de elegir el buen camino de Jesús, pero para algunas es difícil lidiar con los sentimientos de por medio, los cuales son como muros que nos separan de muchas buenas intenciones, pero si el esfuerzo es perseverante, se logra el buen propósito del bien.

¿La genética espiritual tendrá inherencia a la gran variabilidad de personalidades existentes en este planeta? Pues claro que si, pienso que esta impregnada en el alma aquellos fragmentos elementales de nuestras almas del ayer y antepasados terrenales. Por otro lado, según la ley de reencarnación todo tiene sentido, y desde esa visión se desprende el hecho de la importancia menor del cuerpo físico, en comparación con el valor del alma espiritual, la cual es eterna, no así el cuerpo corrupto.

Habitando un cuerpo efímero


Pero mientras habitamos en esta esfera vestidos de Adán y Eva, nos sobrecogen las emociones humanas y el temor se acentúa ante lo desconocido. Es normal sentir así, en nuestra naturaleza pecadora. Sabemos que tenemos libre elección ante los dos caminos.

Y si procuramos elegir cada vez, el sendero correcto, estaremos bien, principalmente nuestro espíritu, el cual se estará llenando de virtudes abstractas, disfrutables en el mundo real espiritual. Al acumular éstas virtudes en nuestra alma, tendremos valor ante Dios y el nos querrá más, bendiciendo nuestros pasos en el globo terráqueo, con amor, prosperidad y felicidad familiar.

©Venus Maritza Hernández