Espíritu errante: fantasma que vaga


Espíritu errante que deambula en el bosque

Espíritu errante

Soy una roca astillada, dentro de su contenido de cal.

un espíritu que flota por todas partes, eso soy.
Me divierto traspasando paredes, y volando.

También me encanta trasladarme de lugar 

con el pensamiento.
Soy energía pura, 
sin un ápice de materia, una luz diseminada,
una sombra clara que ilumina, a la oscuridad.
pero me oscurezco en ocasiones.
Porque nadie me ve y eso me entristece.

Nunca duermo ni como, solo viajo y converso
con otros espíritus errantes.
No me gusta molestar a nadie,
sólo espero ayudar en lo posible
a quienes alguna vez pude interactuar
en forma física, cuando aún vivía.

Permaneceré por algunos sentimientos,
en este mismo entorno donde
alguna vez vivi en un cuerpo.
pero estaré atenta a la luz,
y a las emociones positivas de quienes amo
con toda mi alma de eternidad.


Mitad viva

Sombreada de espíritus compasivos,
veo discurrir mis lágrimas oscuras,
disueltas en desamor y fantasmas reales.
Una tormenta de odio, cesa su acción
y es desplazada por una lluvia apacible
de sueños apaciguadores y compañias paranormales.

Camino entre neblinas,
siempre vestida de oscuridad.
Mis negros labios besan la noche
y a los espectros masculinos
que musitan nocturnos halagos.

Estoy mitad viva, mitad muerta,
mi conciencia gravita en las noches
mediante mi forma etérea durante el sueño.
Y viajo a lugares inescrutables.
Sitios de actividad paranormal intensa,
espacios que revelaré muy pronto...


Soy un fantasma desde hace mucho tiempo

Soy un fantasma


Me fui hace mucho tiempo.
Ahora estoy viviendo lo que ya viví,
sólo memorias empujadas por el viento.
Que oscilan en las ficticias horas del planeta.

Sigo recreándome en los mismos acontecimientos
que ya olvidé.
y que nuevamente vivo.

Las hojarascas del tiempo,
caen lacónicas 
y gratas 
al estanque de los deseos,
y flotan en los irreales minutos.

El tiempo es fantasía.
Soy un fantasma en holograma,
que ven otros seres que creen estar vivos,
ignorando que algunos son también fantasmas,
otros son espectros del recuerdo 

y otros almas que rondan antes de nacer 
en distintos recintos del planeta...

Los espacios se subdividen,

y enmarcan supuestas realidades ilusorias 
de la nada o del todo.
Somos esferas que levitan, 

y sin embargo creemos tener 
un cuerpo sólido con forma.

Las mentes son programadas e incitadas a pensar,
cual si fueran dueñas de si mismas,
cuando en realidad son manejadas a voluntad.

La maldad, la bondad, son objetos elegibles, eso sí.
Cada cual es dueño de sus actos y de sus consecuencias.
Continuo vagando entre paisajes 

y letras que se caen y se levantan.
Soy un fantasma.


La chica fantasma en la mansión

La chica fantasma

En una casa antigua
habita una mujer fantasma.
Baila por las noches,
con música instrumental.
Música fantasma,
que a todos ha de asustar.

Gira con su vestido esponjado
del siglo XV.
Gira y ve cosas que ya no existen.
La mujer fantasma fue una joven rubia,
que nunca se llegó a casar.
Era muy joven aún para amar.

La chica fantasma y semi transparente,
piensa que aún está viva.
No se percata de su realidad.
Pero muy prontó se dará cuenta.

Un emisario de las alturas,
le informará de su condición alerta.
La mujer fantasma escucha al personaje,
y emite un alarido escalofriante.
¡Pero si sólo tengo 17 años!
No es posible, todo esto que veo
no puede ser alucinación. ¡No!

Si lo es. Responde el ente transparente.
Es tu mente espectral, la que ha ideado todo
lo que ves, pues nunca quisiste aceptar la verdad.
Han pasado cuatro siglos.
Y tu mente está estancada en el pasado.

El fantasma se desmaya y cae en el piso.
Al fin la entidad,
se percata de que es un espectro.
Al despertar,
siente curiosidad y traspasa paredes,
busca la luz pero no la encuentra.

Se pregunta:
¿Porque durante tanto tiempo no
sabía que estaba muerta?

El mensajero le responde:
porque no cumpliste tu misión.
Tu misión de tener hijos
y de ser feliz,
era tu destino ser feliz.

¿Pero que hice?
¿Porqué no me fui con la luz?

Por el simple hecho
de que tu misma te quitaste la vida.
Y se te condenó a repetir
una y otra vez, tu existencia.

Pero ya terminó tu expiación,
debes ascender y contemplar
las otras probabilidades de vida
que tendrá tu espíritu si encarnas
nuevamente, eso lo sabe sólo Dios.


La mujer fantasma cree que está viva

La mujer fantasma en la deriva


La mujer fantasma,
cree estar viva.
Gira su alma
a la deriva.
No se da cuenta,
que no tiene piernas.

No se da cuenta,
de su actual condición,
sin alertas.
Estática la transparencia
de su corazón.

Recorre lugares,
carentes de pasión,
y en su raciocinio espiritual,
ve todo igual.

La mujer fantasma,
no se percata de su gravitar.
Su levitación en aquella dimensión.

Tiene emociones, se enoja,
se alegra, se enorgullece,
se entristece...

Ve gente inexistente.
se adhiere la esperanza,
pero no existe..,
En esa dimensión de pena, no.

Debe avanzar. Para llegar a la luz.
La luz del camino que le espera,
para llegar a la ruta.
La ruta que la puede conducir:
a la nada, a la luz eterna, o a la oscuridad.

Baila en el aire,
da vueltas y rota.
Gesticula emociones.
En el limbo flota.

Está confundida,
comienza a aclarar su mente,
sus ideas giratorias.
Su alma olvida,
enclaustradas memorias
latentes vivas.

La vida extraña de una mujer

La vida extraña 

Y morí, pero no me di cuenta,
pues seguí en una vida parecida,
no se si en verdad estoy penando.
O estoy viva.
No se si en verdad, soy un espíritu
sin materia, que cree estar vivo.
No lo se.

Probablemente sea un fantasma,
y en estos momentos alguien me vea
y se asuste, porque ve una imagen
de transparencia blanquecina.

Y yo misma, por encima de todo,
no me estoy viendo de otra manera,
me contemplo normal, pero no es así.
ya no tengo cuerpo.

La vida es tan extraña...
Finalmente, no sabemos si en realidad estamos en un sueño lúcido,
o estamos sumidos en irrealidades de fantasía...

©Venus Maritza Hernández

Eterna y las sombras


Eterna



Eterna vive en las sombras del desamor oscuro

El desamor está oscuro,
suspiro sombras.
Me quiero dormir eterna.
Eternidad sin vacíos,
sin dolor.
Cierro la visión nocturna,
y busco la luz.

Encuentro la luz,
otros amores resplandecientes
me miran.
Pero me sumerjo
en mis negras fantasías
de salvación mental,
rodeada de oscuridad.
Mi espíritu vaga en soledad
y levito entre almas gravitatorias,
que me consuelan.

Depresión que me aplasta,
lágrimas que caen,
entre fantasmas mirones.
Aplastada, tirada entre sueños,
que buscan una salida satisfactoria.

Borrar todo,
del escenario terrorífico de su maldad,
es la solución letal.

Las letras caen y se desmayan
y con sus miradas fijas,
me dicen adiós.
Letras falsas, vestidas de amor fingido,
caen yertas en la nada.

El bosque tenebroso

Sombrío el atardecer en vacíos y tinieblas,
en el bosque tenebroso del desamor,
en un despertar ficticio con sombras oscuras.
Pesadilla cruenta, en la cual percibo el vacío,
el vacio de tu ausencia, amor mío.

Una densa niebla se presento entre ambos,
entre nuestro amor de intensidad.
Mi forma astral flota y llora,
llora chispas de dolor,
y lluvias silenciosas.

El amor insiste, pero el vacío persiste.
No hay amor, pero si lo hay.
El bosque tenebroso acentúa su hechizo
de depresiones, y sensaciones de soledad.


Espíritus sombreados

El silencio crispa y alegra a las horas silentes
que esperan plenas de fe.
Los graznidos aunque cerca,
están lejanos de la sensibilidad poética.

El clima frío artificial refresca 
a los versos recién nacidos.
Abajo del creciente sol de los pensamientos.
Te busco y no te encuentro, ni te encontraré.

Allá por los lejanos trances hipnóticos 
del recuerdo secular,
he flotado a voluntad entre vidas
usurpadas de cuentos reales e irreales.
Otra veces me han sustraído la energía paranormal
de mis dones de bruja blanca.

Un ente espantoso robó parte de ellas,
pero no me importa.
Sólo me interesa estar bien con Dios.
Por lo tanto;
le he pedido que me libere de ese don espiritual,
sólo si no proviene de él.

Sigo pensando y recordando 
todos los eventos que he vivido,
y que no son normales de la materialidad.
Son sucesos paranormales 
que han rodeado mi existir,
y que temo hasta escribir sobre ello.

He visto fantasmas, con sus periespíritus.
Otras veces he contemplado seres espirituales,
con sus cuerpos y rostros traslúcidos, borrosos.
También he visto sombras y escuchado voces,
en varias circunstancias de mi vida.

Los espíritus

Siento que los espíritus se recuerdan de mí y me observan.
Espíritus dentro de cuerpos humanos y no humanos.
Existe esa conexión, aunque me disfracé de planta o animal, u objeto, o me traslade de época, el espíritu siempre me reconoce y me saluda efusivo o me mira con envidia u odio.

Siento sus energías positivas o negativas.Y exalto que la mencionada atracción química y el "me cae mal esa persona" trasciende de lo carnal a lo espiritual y abstracto. 

©Venus Maritza Hernández

Paz y amor: la conciencia humana.

La paz y  amor deben predominar en nuestras vidas, mediante un comportamiento regulado por los pensamientos.


Paz y amor: la conciencia humana existe en mayor o menor escala

La conciencia


Mira en tu conciencia,
ahí observarás los acontecimientos crudos.
No pienses que no existe,
los hechos reales acontecidos persisten.
La conciencia te acusa, y subraya las lineas difusas.
La conciencia te marca,
y te marea.

Paz y amor en el corazón.
Corregir errores calmará a la conciencia,
pedir perdón a las alturas,
es sapiencia.

En aquel espacio de tiempo donde los eventos
siempre viven,
para recordarte tu participación en aquel solar.



El sosiego es de Dios


La paz interna la otorga el pensamiento el que a su vez, moldea las emociones. Si pensamos en situaciones agradables, las emociones se tornan apacibles y armónicas. Si al contrario llega un pensamiento negativo a nuestra mente, y lo adornamos con más ideas malas o negativas, nos sentiremos muy mal emocionalmente.

¿Entonces como podemos cambiar nuestra actitud subjetiva? ¿Acaso es innata o hereditaria ésta tendencia? ¿Los hijos heredan esos comportamientos nefastos para la psiquis ? (la ciencia actual define como verídica esta interrogante, de acuerdo al resultado de varios experimentos).


©Venus Maritza Hernández

El amor propio y los valores morales

Soy valiosa

Cuando algo o alguien me decepciona,
una corriente de indiferencia corre en mi auxilio.

No dejo que nada ni nadie me haga sentir mal.
Es una respuesta natural que resurge innata
de mi espíritu pleno de experiencias ,
reencarnadas en muchas vidas.

Me conozco, y me amo,
me valoro como lo que soy:
una mujer valiosa e inteligente.

El apoyo divino

Dios es mi conforte. A través del existir, percibo las vivencias y éstas efectúan el equilibrio
necesario, para sostener la inercia del mundo y sus egoísmos innatos. De soslayo el paisaje se enciende, y elijo aquellos parajes que tienen el verdor de la otra vida: la vida celestial.

El libre discernimiento


Al visionar el recuerdo de vidas pasadas, siento esas mismas emociones de oro y latón. Son parte de la vida, el bien y el mal. Supongo que algunas personas tratan de elegir el buen camino de Jesús, pero para algunas es difícil lidiar con los sentimientos de por medio, los cuales son como muros que nos separan de muchas buenas intenciones, pero si el esfuerzo es perseverante, se logra el buen propósito del bien.

¿La genética espiritual tendrá inherencia a la gran variabilidad de personalidades existentes en este planeta? Pues claro que si, pienso que esta impregnada en el alma aquellos fragmentos elementales de nuestras almas del ayer y antepasados terrenales. Por otro lado, según la ley de reencarnación todo tiene sentido, y desde esa visión se desprende el hecho de la importancia menor del cuerpo físico, en comparación con el valor del alma espiritual, la cual es eterna, no así el cuerpo corrupto.

Habitando un cuerpo efímero


Pero mientras habitamos en esta esfera vestidos de Adán y Eva, nos sobrecogen las emociones humanas y el temor se acentúa ante lo desconocido. Es normal sentir así, en nuestra naturaleza pecadora. Sabemos que tenemos libre elección ante los dos caminos.

Y si procuramos elegir cada vez, el sendero correcto, estaremos bien, principalmente nuestro espíritu, el cual se estará llenando de virtudes abstractas, disfrutables en el mundo real espiritual. Al acumular éstas virtudes en nuestra alma, tendremos valor ante Dios y el nos querrá más, bendiciendo nuestros pasos en el globo terráqueo, con amor, prosperidad y felicidad familiar.


©Venus Maritza Hernández

Abeja dormilona: poemas


Abeja dormilona

Abeja dormilona

La abejita dormilona
con sus alas transparentes
es también muy glotona,
lo dice toda la gente.

La abeja durmiente,
con sus sueños de fantasías.
La besa una serpiente,
Y se van sus alegrías.

Despierta, despierta,
abejita dormilona,
lari, lira, liralá.

Lo que sueñas no es verdad.
Pesadilla de gelatina,
con sal y resina.

Abejas y colmena


Abejas y colmena


Sabor de flores, néctar de sol.
La abeja reina, toma su miel.
Color de nubes, destellos de amor,
¡La abejita, está muy bien!

Destella su miel de oro,
la abejita, esta llenita y sonriente,
guarda su gran tesoro,
en su cocina, dulce y reluciente.

Miel de abeja

Miel de abeja

El panal de las abejas tiene miel.
Tiene miel para comer,
tiene miel para querer.

El panal de las abejas tiene miel.
Tiene miel para endulzar,
tiene miel para amar.

Azúcar natural.
con dulces y galletas.
Sirope de verdad,
de juegos y piruetas.



©Venus Maritza Hernández


Envidia: como sacar el provecho de ella

El provecho de la envidia

Envidia la desviación con visión objetiva y subjetiva.

La envidia afecta en forma innata y aprendida


Una persona puede aprender a encauzar la emoción negativa de la envidia hasta convertirla en su fuente de inspiración, en pos del alcance de objetivos.

La envidia es el pesar o tristeza que siente un individuo por la felicidad de los demás, provocada por condiciones de éxito en aspectos: económico, educativo, social, cultural y otros. El motivo que la origina reside en el hecho de no poseer aquellos elementos benefactores, que presentes en el envidiado, lo destacan en forma favorable ante otras personas.

Origen de la envidia


Según algunos estudiosos, es una actitud aprendida desde la niñez en base a las experiencias. La madre o padre al observar un logro o cualidad de otro infante le señala críticas y defectos para que su hijo no se sienta mal (según su criterio) y también manifiesta el mismo modelo en sus acciones frente al niño. En consecuencia el individuo adquiere patrones de emociones que lo llevan a conductas indignas, al no valorar a sus semejantes.

Las comparaciones que se somete al niño por los padres, con relación a sus hermanos u otros niños, no son apropiadas y por ello aprende a sólo ver los defectos ajenos (despreciando las cualidades de otros) y a disminuir sus propios atributos (inteligencia, valores, creatividad y otros) a través de una conducta desviada. Se les inculca que si alguien obtiene un mérito que no pudo lograr, debe criticar a la persona, porque él merece todo lo mejor, no los demás. 

Y para aseverar esto, sus padres lo complacen en todo lo que desea, sin saber el daño psicológico que ocasionan a su hijo en menoscabo de la visión de si mismo. Las percepciones en torno a esta emoción negativa varían, pues hay quienes aseguran que la envidia es un sentimiento innato del ser humano.

El catolicismo establece que es uno de los siete pecados capitales, por ser una emoción de maldad que provoca múltiples pecados (otros pecados capitales como; la ira, avaricia, soberbia) y además va en contra de la naturaleza benigna del cristianismo que enfatiza el amor hacia el prójimo.

Aspectos positivos y objetivos de la vida

Es una emoción que hace resurgir otras alteraciones, que pueden ser provechosas de acuerdo al impulso que toman. Al envidiar la posesión de algo, la persona desea obtener también ese objeto (intelectual o físico) lo que puede significar el afán por conseguir el éxito también, por ende en este punto se originan algunos propósitos de la vida (profesional, emocional y otros) los cuales por supuesto, son metas personales. En este caso, el envidiado, aporta bienestar al envidioso, presentando ante él un ejemplo de superación, digno de imitar. Estos hechos se suscitan dependiendo del tipo y grado de envidia, y la manera que el individuo minimiza el sentimiento de pesar por el de esperanza y positivismo.

La envidia, se presenta en distintas situaciones y si el envidioso lo permite, se proyectan las siguientes respuestas positivas:

Una pasión que propende a fijación de metas personales.

Aporta realismo y mejora la visión de la vida al contemplar en una justa dimensión sus propias cualidades y defectos.

Emociones negativas e imitación


El afectado puede caer en los extremos, asumiendo una actitud imitadora que no lo beneficia. En caso de que no sea posible alcanzar o superar (logros del envidiado), el envidioso presenta emociones negativas como: depresión, frustración, complejo de inferioridad y agresividad (verbal o física), y otras sensaciones complejas como el sentimiento de culpa y la verguenza. En tales casos éstos individuos requieren tratamientos psicológicos, para que aprendan a valorar sus alcances y limitaciones, respetando a las demás personas y valorando sus propios méritos.

De acuerdo a la naturaleza personal existen diferentes formas de expresiones y respuestas que se exteriorizan según la situación e intensidad de la envidia. El odio hacia el envidiado se manifiesta en acciones como:

Quitarle valor a sus cualidades y triunfos.

Críticas injustas.

Sarcasmo.

Agresión.

Víctimas de sus congéneres


Las víctimas de la envidia son los seres humanos, que figuran de emisor (envidioso) y receptor (envidiado). El emisor sufre aún más que el receptor al humillar su condición de ser humano ante este sentimiento negativo (con esta actitud deja entrever con claridad su sentimiento de inferioridad) y padecer las emociones correspondientes a esta desviación humana. Y el envidiado sufre al contemplar que la naturaleza de ciertas personas es errada al no establecer (los individuos) la prioridad de sus acciones (búsqueda de sus propios logros y autoestima) antes de juzgar en forma injusta e irrespetuosa a sus congéneres, hundiéndose en su propia autodestrucción e infelicidad.

El comportamiento humano

Sin desearlo, muchos seres humanos provocan la envidia de otros individuos. (Inteligencia, belleza física, logros de objetivos profesionales, una mejor posición social, mejor situación económica y otros.) Los envidiados perciben de inmediato las manifestaciones de envidia, y la mayoría adopta actitudes de indiferencia o tolerancia, pero existen excepciones, en que la respuesta del envidiado es igual de negativa que la del envidioso (agresividad e insultos, debido a su temperamento) a causa del desaliento que ocasiona, observar que su triunfo o cualidad no es aceptado en forma positiva.

Provecho de la envidia


Los pasos que una persona debe seguir para disminuir o controlar la envidia son:

Aceptar con calma que siente envidia.

Enfatizar dentro si mismo, el respeto por las demás personas.

Planear estrategias para impulsar esta emoción con actitud positiva.

Fijación de metas (profesionales u otras) acorde a sus habilidades y conocimientos.

Observación y valoración de sus propias cualidades y virtudes (incentivo del amor propio).

Conocer la naturaleza de esta emoción negativa, sus repercusiones y estrategias para combatirla o manejarla ayuda no sólo al individuo que la sufre, si no al grupo social o institución que pertenece (por lo general, ocurren tendencias) el cual aprende a concienciar sus acciones frente a otros individuos u otras organizaciones y grupos elevando su autoestima en provecho propio y de las otras personas.


©Venus Maritza Hernández