Viaje al cielo: niveles espirituales

Viaje al cielo



Espiritualidad, un viaje al cielo


Una breve calma me gobierna,
una frialdad grata me despierta
y salgo de mi cuerpo...

Volví a él, porque pensé que despertaría,
pero lo traspasé y sentí que me elevaba
cada vez, que intentaba despertar.


Vagué entre tiempos y paisajes,
experiencias y besos imaginarios.
Besos reales y prensados a mi cuerpo,
yerto en la hierba del sol, en un viaje al cielo.


Suspiros de menta,
se elevan en mi psiquis despierta.
Emociones positivas, me disparan al cielo.
Y en forma vertiginosa entro a un espacio moderno,
en un viaje intergaláctico, rumbo a la ciudad de Dios.

Los otros seres extraterrestres son diáfanos, y transparentes,
al igual que cientos de espíritus que veo subvenir por otros
túneles.

La nave espacial es enorme, al igual que sus réplicas,
en espacio oscuro de la nada vertida en la vida espiritual.
Las energías humanas, son enviadas a la ciudad de oro
como esferas o luces que flotan
y donde cada mente reposa, hasta tomar conciencia
de la felicidad real y eterna de la gran ciudad.



Niveles espirituales


Beso un verso perfecto,
abrazo un poema galáctico.
Los planetas se han rimado,
con astros en rimas nocturnas,
que emiten secretos de lunas
fantasmales.


Sombreada de espíritus,
floto sobre las casas.
porque soy un hada de luz,
de semi transparencia.

Bajé segura,
dentro de una burbuja.
Bajé de una región enigmática,
ubicada en las alturas.

Cerca y dentro de la gran ciudad de oro,
hay otras ciudades pequeñas,
que están edificadas con poder y amor.
Ahí sin duda, reside una de las escalas espirituales,
donde vivía siendo una alma levitante y pacífica.

Las ciudades pequeñas son de distintas escalafones,
donde habitan espíritus,
desde el más grande pecador humano,
hasta el que pecó con menores efectos,
ambos lavados con el jabón purificador,
se ubican en distintos niveles,
cimentados en lo justo.



Bella


Una bella mujer plena de curiosidad
recorrió los caminos de su existencia en la tierra.
Viajó a las distintas dimensiones del tiempo.
Ataviada de felicidad y compañías gratas,
se vio a ella misma: nacer, crecer,
amar, reír, llorar y bailar.

Su belleza física trascendió hacia su espiritualidad.
pues reflejó cualidades de gran valor ante Dios.
Su alegría inundó el entorno y
una sonrisa placentera de amor y paz
la cubrió de bendiciones, vida y eternidad.

En la santa ciudad recibió la bienvenida.
El regocijo de la multitud,
se percibió en el ambiente,
junto al verdor de los árboles celestiales
y la brisa de una luz solar divina.


©Venus Maritza Hernández


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