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domingo, febrero 16, 2020

Infancia

Momentos de la infancia

Los momentos de la infancia son eternos e inolvidables en la memoria humana, porque la imaginación está encendida y todo es mágico con mucho colorido y plenitud  de amor fraternal y puro.


Los celestes pasos de los sueños marcan su estadía en los jeroglíficos de mis ideas, que se extienden risueñas entre los razonamientos y la serenidad de un anochecer común, pero especial. 


Las melodías guardadas las acabo de liberar y éstas se retuercen satisfechas en la atmósfera de mis emociones nostálgicas.

Mi niñez y adolescencia se despliegan ante mí. Una niña surge y brinca feliz. Y una jovencita llora ante mi presencia su primera decepción amorosa. Intento reconfortarla pero ella no me ve o quizás me ignora.

Con la niña es distinto, disfruto mucho observar su felicidad y sus ensueños que juguetean entre los cuentos de hadas que habitan en su entorno. 

Todo es maravilloso, pero de pronto una lágrima interrumpe mis cavilaciones, surgida de una puerta que conecta con el presente y el pasado, ésta lágrima tiene la fuerza arrolladora de un dolor inmenso, de un amor en silencio… 

Que desfallece y resucita continuamente en éste laberinto subliminal de ideas yuxtapuestas.La psicología se mezcla con la filosofía de un libro encerrado en la recámara del pasado..,

La opacidad de los sueños rotos gira melancólica y subjetiva me observa …

Más, nuevamente entro a una estancia confusa y llena de lágrimas, de sentimientos intensos donde una niña ríe y juega feliz en brazos de su querido padre, lo abraza tiernamente, cuanto lo ama y el le prodiga mimos que ella nunca olvidará. La lluvia se extiende al igual que mis lágrimas.

El padre abraza, a la niña de tres años, el dice llueve , ven mi bebé vamos a dormir… Los recuerdos me involucran y digo; papá donde estás ,papá te fuiste, las lágrimas nublan mi realidad, pero posteriormente despierto en el mismo anochecer, oscuro y radiante de los pensamientos constantes y errantes que navegan en los ríos de inquietud y paz del universo, sumergido sobre las redes del tiempo.


Momentos de la infancia

Tic tac, tic tac.
suenan los segundos.
Tic tac, tic tac de miles de mundos.


Momentos de la infancia,
en dulces asonancias,
de juegos y prestancias.

Momentos de la infancia,
 inolvidables días,

de dulces armonías.

Los niños corriendo,
en el patio de alegrías.
Tic, tac, tic tac,
 los minutos son lentos,
Tic tac, tic tac,
pues reúne momentos.

Tic tac, tic tac,
ya viene la hora,
Tic tac, tic tac,
que mucho demora.



El olvido del tiempo 

El tiempo deleitoso y el raudo galopar de las horas.
El gorjeo de los minutos, y el suspirar de los segundos;
vertiginosa carrera de los sueños.


Sonríe el tiempo al escurrirse entre los años.

! Cuanto pesan sus piedras preciosas!
! Cuanto lloran sus etapas!
La niñez se endulza con el dulce de los besos,
y el candor de una sonrisa.

La adolescencia se confunde;
Al mirarse a la traslúcida fuente de los deseos.
¡Son tantas las peticiones embadurnadas de oropel!
Y las interrogantes por descubrir;
detrás de las conquistas de las experiencias.

Surca el tiempo la barrera de la insigne vida.
Traspasan las dimensiones y nunca olvida.
El romance nos observa y con su influencia lunática;
nos narcotiza de amor, de celos, y de odio;
de ilusión de alegría y de todas las pasiones;
que perfuman al ser humano;
con el clima del reloj temporáneo.

La noche y el repicar de la respiración del tiempo;
esperan con regocijo el alba de los luceros cimbreantes.
que se amoldan a las edades de las almas,
sobre la impulsividad metafórica;
cabalgando en la eterna juventud.

Prosigue el lento y a la vez rápido caminar del tiempo;
se escurren los deseos entre el dolor del mar,
y el placer del sol. Alucinan los hechos alrededor.

Un estallido de realidad deja entrever a la subjetividad,
que presurosa se esconde entre la neblina,
escribiendo versos y garabatos de amor…

Renacen las alegrías; resurgen los motivos,
sobre el tambaleo sincrónico del regocijo de las horas;
que paulatinas, se estremecen junto a las letras…
Por siempre; en el olvido del tiempo.


Primera publicación: 21 de agosto de 2007.


La niñez y la amistad

En uno de los tantos días de mi niñez, a la edad de siete años, llegué a mi salón de clases. Y noto que mi puesto y silla lo ocupaba una niña de escasos y cortos cabellos. Yo tenía el cabello largo con un bello arreglo de mi madre.

Le exigí a la niña que desocupara mi silla, pero esta me respondió que no me la daría. No recuerdo cual de las dos comenzó la pelea, lo cierto fue que a los pocos segundos me estaba agarrando con ella a halones de cabello. 

Pero yo llevé las de perder, pues mi cabello era largo. Intenté desgreñarla pero no pude, su escaso pelo lo impedía, y mis manos en cada intento se deslizaban.

Al final quedé despeinada y llorando. La maestra como pudo me consoló, e intento arreglarme el peinado, cosa que no logró.

Pero !que ironía! Tiempo después nos hicimos grandes amigas. El rencor no existe en los niños. !Cuanto deberíamos aprender de ellos!




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