La belleza perdida y el brujo bueno del bosque


Existió en un bosque muy lejano, un castillo, donde vivía una princesa con sus padres el rey y la reina. La princesa no había heredado la belleza de su madre, extrañamente no se parecía tampoco a su padre.

Berlina se llamaba la princesa de 12 años. Berlina estaba siempre triste, no por su apariencia, pues a pesar de no ser bella, sus padres la trataban con mucho amor. Su tristeza consistía en que se había enamorado de un muchacho de su misma edad, el cual sólo le gustaban las niñas bonitas.

Por eso, cuando la veía, se burlaba, diciéndole que era fea, eso lo dolía sobremanera, pues ella lo amaba en secreto. El colmo de todo fue cuando él comenzó a salir con una jovencita muy bonita, entonces se sintió tan apesadumbrada, sin esperanza alguna de tener su amor.

Su baja autoestima iba en aumento y deprimida sin decirles nada a sus padres se escapó al bosque con la intención de quedarse unas cuantas horas, en completa soledad con la naturaleza. Lloró mucho, tanto que sus lágrimas formaron un pequeño charco cerca de sus pies.

En ese instante vio reflejado un extraño ser en el agua del charco. Sintió mucho miedo, al ver que del reflejo emanaba una luz muy verde, tan verde que parecía conectarse con los árboles que la rodeaban, formando unas líneas simétricas. Temerosa intentó alejarse, pero las luces la enredaron con sus lianas de poder magnético, y no pudo mover sus piernas. Del charco comenzó a salir un extraño personaje.

Era un hombre extremadamente alto, y muy delgado, con mirada dulce. Esto fue lo que hizo disminuir el temor a Berlina, quien se tranquilizó aún más, cuando él le sonrió amistoso.

─¡Quién eres, y porque has salido del charco de mis lágrimas?
─Soy Berlian, y soy tu brujo bueno del bosque ─respondió.

─ ¿Mi brujo bueno del bosque?

─Si. Pertenezco a un grupo de brujos buenos, del boscaje mágico. Nuestra magia es blanca, y me fue asignado que las veces que llores mucho, tanto que tus lágrimas formen un charco, entonces, yo tengo que acudir de inmediato para ayudarte. ¿Qué te sucede? ─preguntó.

─Sucede, amigo brujo que soy muy fea, no soy como mi madre, que tiene una gran belleza física. Tampoco me parezco a mi padre, que también es guapo. Soy fea, y no sé a quién me parezco.
─No me pareces fea, sólo por tu cara rara.
La belleza es definida de acuerdo a los gustos.

─ ¡Qué dices, grosero!
─ No lo tomes así. He venido a ayudarte y a informarte cosas que no sabes. Te contaré: cuando tu madre estaba embarazada, le gustaba ir mucho al río que está detrás del castillo. Siempre iba acompañada por su dama de compañía, una chica muy poco agraciada, llamada Micaela.

De pronto se escenifica la historia y frente a ella una pantalla proyecta la historia con la voz del brujo.
Un día cuando contemplaba el agua cristalina del río y se disponía a entrar a sus aguas, ve una enorme esfera de agua, que suspendida en el aire frente a ella, dispara un rayo de luz, hacia el vientre de tu madre, la cual sintió un intenso dolor y cayó desmayada.

Cuando despertó estaba en su cama, junto a Micaela y su esposo, el rey.
─Ya el doctor la examinó y dijo que usted está muy bien─ dijo Micaela.
─ ¡Tengo miedo!─ exclamó la reina.
─ No tienes nada que temer, mi amor ─la reconfortó el rey.

─Pero la reina, tenía razones para sentir miedo. Y le relató todo lo acontecido a su esposo. Ambos tomaron muchas medidas de seguridad, entre ellas, que la reina no volviera jamás al río.

A la semana siguiente, su dama de compañía, había decidido retirarse a su casa, por razones fuera de su voluntad, según ella, su madre la necesitaba por algunos días. Pero la ausencia de Micaela se prolongó más de lo debido. Y durante todo el embarazo de tu madre, ella no volvió.

El enigma de la esfera de agua, seguía preocupando a tu madre. Aparentemente tú estabas muy bien en su vientre, así que los malos pensamientos fueron disminuyendo, gracias también al cuidado y amor del rey, tu padre.

El día que naciste, fue una sorpresa. Tu cara era muy fea. Pero a pesar de eso tus padres te amaron y te siguen amando. Lo más extraño de todo, fue que al transcurrir el tiempo, tu apariencia se iba convirtiendo en una réplica de la dama de compañía de tu madre o sea Micaela.

Todo el misterio se aclaró el día en que Micaela regresó al Castillo, cinco años después de haberse ido, su rostro estaba cubierto por un manto oscuro semi transparente, y su ropa la cubría toda. En realidad no la hubiesen reconocido, si no emite su voz, la cual era distinguible.

─ ¡Qué hiciste aquel día, bruja, traidora, mal agradecida! ¿Por qué mi hija es igual a ti? ¿Y porque estás ahora cubierta así?─ exclamó la reina.
─Perdón, no sabía que tener la belleza de tu hija, costara tanto. El dinero huye de mí.

El único lugar donde podía trabajar, la esfera de agua, me lo prohibió, además no podría seguir haciéndolo por otras razones. Me arrepentí y volví al río, a pedirle al hechicero del agua dulce que le devolviera la belleza robada a tu bebé. Pero él se negó, diciendo que el trato ya estaba hecho.

─Quieres decir, que ahora mismo ¿Posees la real apariencia de mi hija?
─ Así es. Me quitaré el manto del rostro y los trapos que cubren mis pobres ropajes─ dijo Micaela.

Al descubrir su apariencia, se escucharon muchas exclamaciones. La belleza era sublime, aún más bella que la reina. Sus ojos de color violeta y cabellos de color azabache, brillaban aún más que la misma noche. Su cuerpo era de líneas perfectas y elegantes.

─ ¡Robaste la belleza de mi niña! ¡Devuélvele su belleza! Mi abuela era igual. Esa belleza es de mi abuela.
Lágrimas de arrepentimiento rodaron por el rostro de Micaela. El precio que había pagado por este robo, había sido muy caro, con mucha hambre y privaciones.

─Quiero regresarle su belleza, pero no sé cómo hacerlo. Pero por favor, denme algo de comer, siento que me estoy muriendo de hambre.
─Te daré toda la comida que quieras, pero estarás presa. ¡Guardias enciérrenla en la recamara más apartada del castillo! ─Exclamó el rey muy disgustado.

Desde aquel día, hace siete años, ella está encerrada ahí, con la esperanza de que la belleza robada fuese recuperada y volver a su dueña original, o sea tú misma.

Eso quiere decir, que esta apariencia en realidad no es mía. Y que tengo esperanzas de recuperarla─ dijo Berlina

Si había la esperanza, pero ahora he venido en tu ayuda, gracias a tus lágrimas. Tengo poderes con los cuales te puedo conceder sólo un deseo. Y en un minuto escucharás una campanada, concluida esta, tienes que pedir tu deseo.

Al minuto se escucha el sonido de la campana y Berlina pide su deseo:
recuperar su apariencia real, robada por la ambiciosa mujer.
En ese mismo instante, Berlina adquiere su belleza, la cual contempla es un espejo de agua ubicado cerca de uno de los árboles frutales del bosque, luego regresa al castillo, donde sus padres. Y éstos no pueden ocultar su alegría y la abrazan.

El rey celebra una gran fiesta para festejar el feliz acontecimiento. Y Berlina conoce a otro muchacho en su baile, el cual se convierte en su nuevo y verdadero amor.

Fin.


©Venus Maritza Hernández