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miércoles, enero 15, 2020

El reflejo del perro soñador

La proyección del perro Capitán se verá afectada favorablemente logrando la felicidad propia y de sus más grandes sueños.
El reflejo del perro soñador de la calle


Existió una vez, un pobre perrito callejero de alma muy noble. Si veía a los niños de la calle, le dolía ver como al igual eran también maltratados. El perrito pensaba mucho, pues los perritos piensan y sienten todo. Observan a su alrededor y saben reconocer la bondad y la maldad. Los perros son como la gente, tienen su propia forma de ser, distinta y variable.


Hay perros que al ser maltratados por el ser humano, atacan y son muy amargados y fieros. Hay otros que soportan y se van huyendo del humano maltratador preguntándose el porque lo maltrata de esa manera.

El perrito de nuestra historia se llamaba Capitán, Su primer amo lo había amado mucho, pero él había fallecido, Así que capitán quedó huérfano y solo en la calle, siendo victima de algunos humanos malvados.

Los niños de la calle, no eran malos con él, pues se identificaban en cierta forma con su padecer. El perrito se acercaba a ellos y éstos le brindaban del poco alimento que tenían, y también lo abrazaban. Capitán recibía su cariño, y gracias a eso, pudo sobrevivir, y los niños se sentían aliviados con el cariño del perrito.

Cierta noche, acertó pasar una estrella fugaz justo cuando Capitán se había acomodado en una orilla de una vereda. En ese momento pidió un deseo mágico. Pues su madre le había informado que si alguna vez veía una estrella fugaz, le pidiese un deseo, que sin duda alguna se le cumpliría.

El perrito callejero deseo ser un ser humano joven con mucho dinero y casas para poder ayudar a los niños de la calle que el conocía y también poder contribuir en instituciones de beneficencia para ayudar a los más necesitados.

El perrito se durmió con mucha fe, pues tenía la seguridad que se le cumpliría su deseo. Y en efecto, cuando despertó vio a su alrededor y todo era bonito. Una casa enorme y bella lo rodeaba. Su recámara era grande y decorada con muebles y espejos finos.

Corrió feliz, a verse en un espejo, y oh sorpresa, ve a un hombre de unos 30 años en el reflejo. Miró una tarjeta de identificación y pudo sentir que leía y poseía conocimientos en su mente. Sintió extrañeza ante tal descubrimiento pero ante todo se sintió dichoso, al ver y sentir que su deseo se había hecho realidad.

Puso manos a la acción y ayudó a los niños de la calle, amigos de él cuando era un perrito humilde llamado capitán. Por cierto su nombre de humano era: Julián Gómez, heredero reciente de una inmensa fortuna. Y con una servidumbre de 10 sirvientes en su pequeña mansión. Poseía otras mansiones majestuosas, pero su padre cuando vivía se sentía más cómodo en ésta vivienda.

Luego de ayudar con viviendas, ropa, calzado y cuentas bancarias a sus amigos. Acudió a varias instituciones benéficas, e hizo contribuciones generosas. Aún después de todo, seguía siendo multimillonario, pues su padre tenía también muchos negocios y tierras, que producían ingresos cuantiosos por día.


Luego de cumplir todos sus sueños, tuvo miedo. Miedo de volver a ser nuevamente el perrito de la calle. Se aferró con desesperación a su nueva vida, y oró a las alturas, pidiendo ser quien era durante toda la vida.

Y afortunadamente así fue. Julian,falleció a una avanzada edad, luego de ser muy feliz. Pues se enamoró y casó, y tuvo cinco hijos. Los cuales eran tan generosos como él, con excepción del hijo menor llamado Ernesto, el cual era cruel con los perritos y con los niños pobres. Julián lo aconsejaba en vida, pero nunca cambió. 

Y luego su madre también le hablaba de lo importante que era ser bueno con los animales. 

Pero no cambiaba. Y una noche cuando Ernesto se acostó a dormir todo se le confundió en su mente y al despertar, se sintió extraño. Y quiso llamar a su madre, pero de su boca, salio un aullido. Se asustó e intentó verse a si mismo, y al mirar abajo ve que en vez de piernas tenía patas de perro.


Desesperado corrió a un río cercano, y lo que vieron sus ojos, no podía creerlo. Ernesto era ahora un perro. Un perro callejero. Comenzó aullar desesperadamente y a correr. En el camino se encontró con gente igual de cruel que él, cuando era un hombre. Ésta gente lo apedreó y se burló de él.

Ernesto siguió corriendo hasta llegar a una iglesia, Con disimulo entró a ella y oró mucho a Dios, pidiendo perdón a Jesús. Y prometiendo cambiar su forma de ser con los animalitos. Su arrepentimiento fue tan sincero que en esos momentos despierta en su cama.

Había soñado algo que seguramente se hubiera cumplido si él no cambiaba. Y cambió favorablemente, desde esos momentos fue tan bueno y generoso como su padre y hermanos. Su madre estaba muy feliz. Y el resto de su vida fue bueno con los animalitos siendo recompensado por las alturas, con alegrías y felicidad durante su vida.

Fin


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