El sol tendrá su deseo concedido, con la ayuda de su amiga la luna.




El deseo del sol se volverá realidad




¿Sabían que el sol tiene los ojos grandes?
Y su cabello lo peina todos los días.
Pues así es. La luna es su amiga, y las estrellas sus confidentes.

En cierta ocasión, a éste astro amarillo, se le ocurrió que podía bajar a la tierra, claro está, en forma humana. La curiosidad lo había dispuesto a buscar esa experiencia extraña. Para lograrlo tuvo que pedirle a su amiga la luna, que le prestara su espejo de los deseos. Este espejo tiene el poder de conceder tres deseos por día.

La luna estaba ya cansada de este objeto caprichoso, porque le había pedido todo lo que deseaba en la vida, así que decidió obsequiárselo a su mejor amigo, el sol. Con la condición que se lo pudiera prestar, cuando ella lo necesitara.

El sol aceptó entusiasmado y feliz y fue a casa de su amiga a buscarlo. El espejo era muy pequeño, pero bonito, tenía forma de corazón. En cuanto lo puso en frente de él, emitió un sonido musical, el cual duró un minuto. Cuando el sonido terminó, se escuchó una voz diciendo: ¿Por qué no pediste tu deseo?





Era su amiga la luna que había llegado de visita. “No se cómo usarlo” le respondió el astro.

La luna le explicó la forma de usarlo, esto consistía, en decir el deseo cuando se escuchaba la melodía. Esta vez, el sol pidió su primer deseo: transformarse en humano. Mil destellos se vieron salir del espejito, y de inmediato nuestro amigo el sol, se convierte en persona. Pero luego notó que todo estaba oscuro, no se veía nada.

Así que su segundo deseo fue el siguiente: un sol artificial igual a él, para controlarlo a fin de que todo estuviera normal con las noches y los días. Enseguida vio todo luminoso y percibe toda la belleza del paisaje. El espejo le dice que el tercer deseo debe pedirlo al final del mes.

Cuando llega el último día, todo es maravilloso para el astro rey convertido en persona, y cuando estaba a punto de pedir el último deseo, escucha una voz proveniente de aquel sol similar a él:

─Hola sol, soy artificial, pero lamento decirte que dentro de dos horas, ya no lo seré, me transformaré en astro rey de verdad y no podrás manejar mi voluntad. Ocuparé tu lugar, y seré inmortal, tal como lo eras tú.

─No lo permitiré, desde este mismo instante pido al espejo volver a mi forma original, ¡Así que fuera de mi trono, sol de mentira! El verdadero sol, volvió a su forma habitual, y más nunca pensó en cambiar, pues amaba a su reflejo y su noble trabajo de iluminar al planeta tierra y a su buena amiga, la luna.

Fin