El burro  recibirá una lección de vida, al darse cuenta que no todo es como se lo imagina.


Hace muchos años existió en tierras lejanas un burro feísimo, y así mismo era su espíritu, porque además de feo, era de mal corazón, odioso y burlón.
Solía retozar y burlarse de cuanto animalito pasaba frente a él, por ello se había ganado la antipatía de todo el bosque.
—Jajajajajajaja―reía el burro—Pero mira quien está corriendo; el conejo más feo que han visto mis ojos, tiene unas orejotas tan cómicas y tan largas, jajajajajaja.

— ¿Y ahora a quién estoy viendo?―seguía diciendo el sarcástico burro, esta vez volteado panza arriba de la risa―que animal más risible eres, le dijo a una jirafa, que acababa de llegar de la selva y que comía tranquilamente las hojas de un árbol— tienes el cuello demasiado largo y unas orejitas de ratón, jajajajajajaja.

―Y tú, y tú y tú—seguía criticando a cuanto animalito veía. Hasta que un día una liebre cansada e indignada le preguntó:
—Burro, ¿Acaso te crees perfecto? ¿Nunca te has visto en un espejo?
— ¿Espejo?―dijo el burro—¿Qué es eso? ¿Alguna fruta?
― ¡Mira si eres burro, burro!—exclamó la liebre― un espejo es un cuadro hecho de plata y arena, donde la imagen se refleja.

― ¿Si?―de seguro soy bello, no puedo ser otra cosa, soy elegante y hermoso.
—Jajajajaja---rieron varios animalitos, al escucharlo
— ¿De qué se ríen?―preguntó el burro—ahora mismo buscaré un espejo y contemplaré mi bella imagen.
El burro se dirige hacia su único amigo, una ardilla la cual le soportaba toda su mala educación, porque a pesar de todo eran amigos.
―Hola ardilla.―saludó alegremente el burro.
―Hola burro—respondió la ardilla.

—Ardilla, necesito conseguir un espejo, ¿Sabes quien pueda tener uno?
― Si―dijo la ardilla—mi abuelito Ardilón tiene uno en su casa, porque se lo encontró tirado en el bosque, y con la ayuda de muchos amigos lo llevó a su hogar, debido a que es grande.
— ¡Llévame allá, por favor!—rogó el burro―Necesito verme en su reflejo.
― ¿Qué?—dijo la ardilla—no lo hagas, te podrías llevar una sorpresa.
— ¿Por qué dices eso?― preguntó el burro, temiendo lo peor— ¿Soy feo? ¡No puede ser! Mamá me dijo que era bello como ella y me juró que era precioso.
―Amigo―dijo la ardilla con gesto de preocupación— Por encima de todo, será mejor que vayamos a casa de mi abuelo, ahí está el espejo. Caminando, caminando, llegaron a su destino.

El abuelo, los recibe y les da permiso para entrar a la estancia donde se encuentra el enorme espejo emitiendo destellos y atracción. Refulgía a causa de los rayos del sol, reflejando una gran claridad.

—Amigo, dijo la ardilla—Aquí está el espejo, observa tu reflejo.
El burro lentamente y con cierto temor, se acerca…. Y ¡oh sorpresa!
Ve en el espejo una imagen de un ser feo, desgarbado, de mirada tonta y además con unas enormes y ridículas orejas.

― ¡Nooo! —gritó el burro entre asombrado y doliente, con lágrimas en los ojos― ¿Quién es ese? ¡Nooo! ¡No, soy yo! ¡Ese ser que estoy viendo en el espejo, es el más feo que he visto en toda mi vida! Amigo, dime que no soy yo. ¡Dímelo, por favor!

—Lastimosamente, si amigo, ese eres tú.—respondió apesadumbrada la ardilla.―¿Ya ves porque te decía que no tratases a los animalitos tan mal? Te burlabas de sus orejas, porque jamás habías visto las tuyas.
Finalmente, el burro se ha percatado en pocos minutos de su mal proceder y decide enmendar sus errores, pidiendo perdón a quienes ofendió. Por lo tanto los animalitos lo perdonan, y el burro agradece a cada uno de ellos, que a pesar de lo feo que es, jamás ninguno de ellos, lo irrespetase.


©Venus Maritza Hernández