La niña y el tiempo del ayer

La niña y el tiempo que recorre eventos seculares y de éste siglo

La niña en el tiempo

La niña en el tiempo del ayer visiona los acontecimientos en el hoy

Es de noche y tengo tres años,
Viajo en el tiempo en sus peldaños.
Subo cada escalón, retrocediendo
Sigo y veo todo sonriendo.

Soy la niña que salta en la cama,
como si fuera un trampolín.
La que vislumbra a la musa,
la que se cae en el patín.

Soy la niña que juega a las escondidas,
que corre, trepa y sube en la vida.

La niña y la noche

En la amplia recámara está una cama muy grande,
en ella duerme una infante.
La noche esta filtrada en el tiempo,
la niña juega a ser princesa.

Los árboles junto a su ventana la llaman,
sus oscuras hojas emiten humedad y miedo.
Albergan a seres extraños,
que la miran desde sus penumbras.
La niña cierra sus ojos
y percibe las armonías de las sombras,
momentos en que sueña con otras épocas.

Los vestidos y los carruajes abundan
en sus visiones letárgicas.
El verde paisaje se intensifica
y un corcel pasa junto al coche
ella está en la ventana observándolo pasar.

Las tardes

Una niña soñadora,
ve centelleos en las horas.
El paisaje y su verdor
muestra el papel crespón.

¡Soñadora como las olas del cielo,
que dan vueltas en cada vuelo!
La luna es un globo gigante
de tono amarillo elegante.

Los textos. imágenes y cuentos
son grandes descubrimientos.
Y el verano infantil y sus tardes,
son magias de soles y alardes.

Momentos de la infancia

Tic tac, tic tac.
suenan los segundos.
Tic tac, tic tac de miles de mundos.

Momentos de la infancia,
en dulces asonancias,
de juegos y prestancias.

Momentos de la infancia,
inolvidables días,
de dulces armonías.

Los niños corriendo,
en el patio de alegrías.
Tic, tac, tic tac,
los minutos son lentos,
Tic tac, tic tac,
pues reúne momentos.

Tic tac, tic tac,
ya viene la hora,
Tic tac, tic tac,
que mucho demora.

El olvido del tiempo


El tiempo deleitoso y el raudo galopar de las horas.
El gorjeo de los minutos, y el suspirar de los segundos;
vertiginosa carrera de los sueños.

Sonríe el tiempo al escurrirse entre los años.
¡Cuanto pesan sus piedras preciosas!
¡Cuanto lloran sus etapas!
La niñez se endulza con el dulce de los besos,
y el candor de una sonrisa.

La adolescencia se confunde;
al mirarse a la traslúcida fuente de los deseos.
¡Son tantas las peticiones embadurnadas de oropel!
Y las interrogantes por descubrir;
detrás de las conquistas de las experiencias.

Surca el tiempo la barrera de la insigne vida.
Traspasan las dimensiones y nunca olvida.
El romance nos observa y con su influencia lunática;
nos narcotiza de amor, de celos, y de odio;
de ilusión de alegría y de todas las pasiones;
que perfuman al ser humano;
con el clima del reloj temporáneo.

La noche y el repicar de la respiración del tiempo;
esperan con regocijo el alba de los luceros cimbreantes.
que se amoldan a las edades de las almas,
sobre la impulsividad metafórica;
cabalgando en la eterna juventud.

Prosigue el lento y a la vez rápido caminar del tiempo;
se escurren los deseos entre el dolor del mar,
y el placer del sol. Alucinan los hechos alrededor.

Un estallido de realidad deja entrever a la subjetividad,
que presurosa se esconde entre la neblina,
escribiendo versos y garabatos de amor…

Renacen las alegrías; resurgen los motivos,
sobre el tambaleo sincrónico del regocijo de las horas;
que paulatinas, se estremecen junto a las letras…
Por siempre; en el olvido del tiempo.


Primera publicación: 21 de agosto de 2007.


©Venus Maritza Hernández


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